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lunes, 12 de junio de 2017

Operación des-colecho


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Es oficial, desde el viernes 19 de mayo de 2017, fecha que pasará a los anales de la historia tanto de esta familia como mundial, ¡¡Martín tiene dormitorio propio!!.

Y sí, es que hasta ahora nuestro hijo, no sólo dormía en nuestro dormitorio si no que, dormía con nosotros... ¡en nuestra cama!. Ahora es cuando unos se llevan las manos a la cabeza,  otros tienen tema de critiqueo  conversación para un par de días y otros tantos confiesan con la boca pequeña que ellos también tienen "cama-patera".

Y es que, señoras y señores, en esto de la p/maternidad y como a mí siempre me gusta decir en cuanto se tercia... no hay buenos ni malos, no hay verdades absolutas ni formas de criar perfectas, simplemente es SUPERVIVENCIA. Haz lo que mejor encaje en tu familia, lo que os haga felices y de la forma que más fácil sea para todos sus componentes.

Si mi yo actual hubiera ido a visitarme hace unos años y a contarme cómo iba a ser como madre... vamos! Vamos, vamos! Hubiera pensado que me habían metido alguna seta alucinógena en la cola-loca. Pero ese no es el tema que ahora nos ocupa ya que, emulando al gran y mítico Francisco Umbral "yo he venido a hablar de mi descolecho".

Nunca entró en mis planes eso del colecho, no al menos de una forma inicial... si queréis saber un poco más acerca de lo que significa colechar, más allá del dormir en el mismo colchón, pinchando aquí podéis ver la definición que se hace en Wikipedia sobre el colecho y sus beneficios así como en qué casos está contraindicado.

Y es que nuestro colecho comenzó de la forma más inesperada... ¡por prescripción médica!, sí, sí, como leéis y es que la pediatra de Martín, una profesional a la que ADORO por su saber hacer, saber estar y sobre todo por ser una mujer ACTUALIZADA pese a ser de la vieja escuela  (sí, aún hay pediatras con unas cuantas décadas de profesión que aman su trabajo y defienden, respetan y apoyan a los padres en su forma de crianza, desde aquí GRACIAS AMPARO).

Martín nació grandote, 3750gr y 51,5cm, en el hospital perdió según me dijeron "de manual", 300gr los cuales tardó en recuperar ¡casi un mes!. Era un niño insomne, hacía tomas eteeeeeernas, incluso algunas se solapaban. Su sueño no duraba más de una hora o hora y media y yo no daba a basto... si nadie te cuenta realmente lo duro que es tener un hijo, menos lo hacen sobre los sin sabores de la lactancia materna, pero eso es harina de otro costal.

Todas las semanas, durante bastante tiempo, tuvimos control de peso con el peque, crecía mucho, muy rápido y se mantenía en peso. Una vez recuperado el peso de nacimiento seguimos con los dichosos controles para cerciorarnos que todo era correcto. Los pipis y cacas en cada toma, así como los pañales rebosantes eran buen indicador de que todo marchaba con la lactancia materna pero, no conseguía que durmiera si no era en brazos (míos o de su padre), al pecho o pegadito a nosotros, bien en el fular o encima nuestro.

Semana tras semana la pediatra del peque veía mi cara de mombie, dícese de la fusión de madre y zombie en un mismo ser,  parte por el cansancio natural y lógico de una mujer en la cumbre de su puerperio y parte por la falta  (excesiva) de sueño... tal sería la estampa que ofrecía esta mi persona queen una de las visitas la pediatra me preguntó: "pero, este niño... ¿cómo y cuánto duerme?", entonces le expliqué y me dió el primer consejo de supervivencia a la maternidad: "si vais a descansar más y mejor... dormid con él". El cambio fue, no voy a decir que brutal porque Martín hasta más mayorcito fue más bien de dormir poco, pero bastante considerable.

Al principio la familia se preocupó con el tema del colecho pero explicados los cuidados o precauciones a tener y viendo como nuestra pequeña gran familia iba ganando en descando, felicidad y armonía... no pudieron más que caer rendidos ante las maravillas del colecho. Quien alguna vez haya dormido con su bebé, me atrevería a decir que todos en algún momento de la crianza, no me podrá negar esa felicidad al despertar y ver a tu lado a tu bebé durmiendo o que te despierte con gorgoritos de alegría, vamos que aunque sean las 5 de la mañana!, uno despierta feliz.



Puedo decir que he disfrutado plenamente de estos más de tres años de colecho, no me arrepiento para nada de ellos, pero si volviera a ser madre no sé si repetiría, y no por nada,  si no porque no me gusta decir ni asegurar algo que no sé, simplemente sucedería o no... como creo que debe de hacerse, dejándolo fluir...

Y, si tanto he disfrutado el colecho, ¿por qué me planteé el descolecho?, sencilla a la par que difícil decisión... Martín sigue mamando, aunque cada vez es de manera más ocasional y ya casi  (salvo los días que se pone extrañoño) exclusivamente para dormir, cuando estoy de tetas presente, porque si duerme en la escuela infantil o con su padre no le es necesario... y por ahí van los tiros. Si al hecho de que mi hijo una cama de 180x200cm le parece una pista de baile nocturno perfecta, traduzcase en que se mueve más que una gelatina en un terremoto, (teniendo barreras de 160cm a ambos lados de la cama se ha llegado a caer en VARIAS OCASIONES por los pies de la misma,  no digo más),  le sumamos patadas, puñetazos, despertares en busca de teta, peleas continuas por el tapar/destapar de la ropa de cama y otros tantos inconvenientes que nos iban surgiendo... el resultafo final era una madre desvelada, preocupada y cansada que no era capaz la mitad de los días de rendir en el trabajo (el padre a todo esto la mitad de las noches .

Pero ahora que lo teníamos claro venía la parte práctica. ¿cómo hacerlo?, pues simplemente fuimos creando la ilusión. A medida que se acercaba el tercer cumpleaños de Martín le comentábamos lo mayor que se estaba haciendo y lo divertido que sería tener una "cama de mayor" para él solo. Desmontamos la cuna que estaba cogiendo polvo  en su cuarto, la pasamos del dormitorio de matrimonio a su habitación  a los meses de darnos cuenta de que había ocupado nuestra cama y que la minicuna-cuna-colecho restaba un precioso espacio junto a la cama, él mismo nos ayudó a guardarla. Su iaio era el encargado de traer su "cama de mayor" y durante 2 semanas, al llegar a casa por la tarde corríamos a comprobar si ya la había traído. Martín no paraba de contar emocionadísimo a todo el que cruzaba más de dos palabras con él que iba a tener una "cama de mayor" con una escalera y una puerta, esto no sabemos de dónde se lo sacó pero estamos ideando el cómo acoplar estos accesorios a la estructura.

Y POR FIN LLEGÓ EL ANSIADO DÍA. Montamos la cama y esa misma noche ¡quiso dormir en ella!, desde ese día Martín duerme en su habitación. En honor a la verdad, he de decir que no es tampoco un me duermo y hasta el día siguiente... hay noches wue se despierta una o dos veces y otras que ninguna. Tampoco hemos cambiado nuestro ritual de sueño, sólo el escenario de este, lo cual creo que contribuye a que el traslado gsya sido más fácil. Tras el baño y la cena un pipi, besito a papá y mamá y Martín se van a la cama. Cuatro mimos, un poco de teta, media vuelta y a dormir. Una vez dormido ya me retiro a mi cama.



Y ahora diréis... bien Carol, ¡objetivo conseguido!, ahora... ldescansarás por las noches, verdad?, pues no lo que yo quisiera sinceramente... Martín ha aceptado el descolecho a las mil maravillas pero, para mi sorpesa, creo que la que no esraba preparada era yo. La primera noche me la pasé en vela yendo y viniendo de una habitación a otra... y no porque Martín me reclamase, no!, él durmió toda la noche del tirón, era yo la que no lograba conciliar el sueño sin verlo y tenerlo a mi verita...

Estas tres semanas de descolecho no hacen más que recordarme que mi pequeño bebé ya no está y que ahora se ha convertido en un niño con más independencia de la que me gustaría. Vamos quemando etapas a la velocidad de la luz y yo, como madre de manual, no puedo di no sentir una extraña mezcla de orgullo y profunda nostalgia.

A los que me habéis preguntado durante este tiempo cómo habíamos hecho para descolechar a Martín no puedo más que decir que como hicimos con otras etapas: chupete (aunque fue él mismo quien lo dejó), pañal... respetando tiempos. Nuestro colecho empezó sin buscarlo y ha terminado sin forzarlo. Alguna noche hemos seguimos compartiendo colchón, eso sí, intentando que sea en su cama no en la nuestra y de forma anecdótica. Pero sin presión ni discusiones porque al final de lo que se trata es de hacernos la vida más fácil y bonita.

Y vosotros... ¿practicáis el colecho en casa?.

2 comentarios:

  1. mi hija casi tiene 10 y seguimos colechando!!! madre mia! pero ya trabajamos en la misma operación. Me ha encantado el blog, ya nos quedamos por acá! besos

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    Respuestas
    1. Muchas gracias por tu comentario Wendolin!
      Si creéis que ya llegó el momento.. adelante! Esos 10 añazos de sueños bonitos siempre quedarán 😄😄😄
      Y por supuesto Estáis en vuestra casa!

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